Tengo problemas con la ansiedad y a la vez me cuesta iniciar las tareas. Eso sí, una vez iniciada, ni los errores me detienen. Me inunda una fuerza de voluntad única para alcanzar la meta en la mira. Me he levantado hasta 6 veces de un fracaso, y heme aquí, diciéndolo públicamente en este blog.
La vida es dura, desde que se nace hay que llorar con la primera nalgada que nos dan y así, entre lágrimas, iniciamos la andanza en este globo terráqueo con más de 7 mil millones de humanos.
Este mes que recién termina, he tenido muy fuertes aprendizajes a nivel laboral y personal. Es normal, todos los tenemos. Sin embargo, quisiera decirles que hay gente que naturalmente y sin saberlo siquiera, cometen menos errores en alguna actividad muy específica, ó en su defecto, son mejores que uno en eso que hacen sin cometer tantos fallos. Pero, como siempre hay un pero, en esos casos en que tener la capacidad de aceptar errores es necesario, nos damos cuenta que pocos la tienen... y yo, puedo decir que he desarrollado esa cualidad (pues no me queda de otra, claro).
Lo que aprendí este mes tan turbulento, es que aceptar el error es apenas el inicio del aprendizaje. Posterior a eso, falta sentirse culpable del error, luego solventarlo y finalmente, tal cual estoy haciendo, documentarlo.
Cuando digo documentarlo, no me refiero exactamente a escribirlo, sino más bien, a tenerlo en cuenta en el día a día, y vivir con el objetivo de no cometerlo más. Una vez uno inconscientemente evita caer en ese error tan doloroso, puede decir que ya ha aprendido la lección.
Yo no he aprendido muchas lecciones, no aún, mas sigo intentando no caer en el mismo error una y otra vez. Tal vez a la sexta ocasión lo logre.
C. Macci