sábado, 9 de enero de 2016

Una carta pública a la que es secreta

La elegí a usted porque me puede curar... No las heridas, si no el corazón. Porque puede hacerlo simplemente al mirarme. Porque me cambia cada vez que me puede responder... Y últimamente que no puede y no quiere, lo entiendo y también me entristece.


Cada vez que me miro al espejo, sería incapaz de aceptarme como soy sino fuera porque sé que ese que está ahí, extraño y patético, conoce a la mujer más increíble de este mundo. Por eso me acepto. Por eso ya no le temo al espejo como antes... Por eso me siento una mejor persona, aunque viva exiliado en el olvido y en la indiferencia de esa gran mujer que es usted.


¿Y qué más puedo hacer que esperar(te)?


Es absurdo, raro y de repente iluso de mi parte, creer posible en mi vida semejante felicidad, esa, la de amarte, la de ser correspondido. Esa locura incomparable que generan las dopaminas cada vez que estoy cerca tuyo. 


12 meses después... 


Ya varios días han pasado, ya incontables; impensados. Pretendo ser bueno, inteligente y llamativo, para agradarte, pero es como querer meter un cuadrado en un círculo que tiene un diámetro más pequeño que el ancho de sus lados. Sé además que no le importo, meses han pasado y no sé nada más que los que las redes sociales por error y tortura me muestran de usted. Y el camino sigue. Así me convierta en ese ser que usted tal vez imagina que necesita para ser feliz, mi momento en su vida ya se está acabando. Las posibilidades están en mi contra.


Ahora soy yo quien no entiendo porqué perdí mi tiempo creyendo en usted. Porqué a veces las recuerdo como con odio, solo porque no pude tener su amor. Esos son sentimientos tan juveniles en este cuerpo ya maduro. ¿Acaso le pasa esto a los grandes y famosos? ¿Será que el humano en realidad solo nace, crece, se reproduce y muere? 


Tal vez así es y algún ser muy pensante se le olvidó que era un ser vivo más y fundó el amor, como se crea una casa o un libro. Y lo mezcla con una idea tonta de felicidad que se supone que debemos tener. ¿Quién dice que ser feliz es lo correcto? Yo paso más infeliz que nunca, si es que la felicidad plena existe. O sea, ese individuo que fundó el concepto del amor, tal vez era un idealista. Jamás lograre eso que la gente y los cánticos antiguos, los libros y todo lo demás, hablan y venden.


Tal vez solo no me aceptó porque no tuvo usted, el sexto sentido para creer que mis genes salvarían tu descendencia y la harían grande como una nación, como un imperio. Y solo por eso, ahora usted está allá y yo acá, haciendo libritos para desprotegidos mentales.


Nos vemos en el fin de los días.


C. Macci 

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